Un niño de seis años vio una cuerda mojada cerca del río: el niño tiró de la cuerda y, unos minutos después, algo horrible salió a la superficie del agua.

Un niño de seis años vio una cuerda mojada cerca del río: el niño tiró de la cuerda y, después de unos minutos, algo horrible salió a la superficie del agua 😨😱

Aquel día era cálido y tranquilo.
Los niños jugaban en la orilla de un río silencioso. Lanzaban barquitos hechos de corteza, tiraban piedras al agua y reían tan fuerte que el eco se extendía por todo el bosque.

De repente, uno de los chicos —Iliá, el más curioso del grupo— notó algo extraño.

En la arena, casi al borde del agua, había una cuerda gruesa. Un extremo de ella iba directamente al río, desapareciendo bajo la superficie turbia, mientras el otro estaba tirado en la orilla.

—¡Miren! —exclamó Iliá—. ¿Y si ahí hay un tesoro?

Pero sus amigos se pusieron tensos de inmediato.

—Mejor no lo toques, quizá sea basura… —dijo alguien con inseguridad.
—¡O una trampa! —añadió otro.

A pesar del miedo, Iliá se inclinó y agarró la cuerda. Estaba mojada y fría. Tiró de ella y sintió resistencia. Claramente había algo en el otro extremo.

—¡Tiro! —gritó él, pero sus amigos ya empezaron a retroceder. Algunos rieron nerviosos, otros palidecieron.

—¡Vámonos de aquí! —gritó uno y salió corriendo primero.

En un minuto, Iliá se quedó solo junto al río. Su corazón latía con fuerza.

Volvió a tirar, esta vez más fuerte. La cuerda cedió lentamente, como si algo pesado se arrastrara desde el fondo del río. El agua se agitó, y desde las profundidades apareció algo aterrador.

El niño se quedó paralizado, pero no soltó la cuerda. Siguió tirando hasta que finalmente vio lo que salió a la superficie. 😱😱

Era el cuerpo de un hombre. El agua resbalaba por su rostro, los ojos estaban cerrados, la ropa pegada a la piel. La cuerda estaba enrollada alrededor de su cintura, y en el cuello había marcas de golpes.

Iliá gritó. La cuerda se le cayó de las manos, retrocedió y corrió hacia el pueblo.

Las lágrimas le nublaban los ojos, la respiración se le cortaba, pero no se detuvo.

Cuando los adultos regresaron con él a la orilla, el cuerpo ya había sido arrastrado más cerca de la zona poco profunda por la corriente. Más tarde se descubrió que el hombre llevaba desaparecido ya una semana.

Y la cuerda, esa misma cuerda, todavía hoy nadie se ha atrevido a tocarla. Sigue allí en la orilla, recordando que a veces la curiosidad puede revelar una verdad terrible.

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